Los prototipos.

Nos gustan los chicos malos por naturaleza.

Desde muy chiquititas, nos morimos de puro amor al ver al malo de la película. Es como nuestro héroe, el mismo que provoca nuestras fantasías más oscuras, y acabamos pensando en lo afortunadas que son las protagonistas al estar al lado de tal dios mortal.

Es más, intentamos ser como la misma protagonista: buscamos a un chico malo que nos de aventura, pasión, un poco de rebeldía, y que nos hagan sentir vivas. 

Sin embargo, esperamos con la esperanza de que suceda lo mismo que en una película. Que nos salve, que se pelee con todo el mundo por nuestro amor, y que nos mire profundamente hasta dejarnos sin respiración.

Pero, los chicos malos que existen en la realidad no se acercan ni de lejos a la ficción. Lo más probable es que tengamos conflictos con nuestra familia, ya que no lo aceptarán, al pensar que nos meterá en problemas. Nos hará escaparnos de casa más de una vez. Se peleará con cualquier chico que te dirija una sonrisa amable, como si es el propio panadero, quien sólo estará haciendo su trabajo, y tendrá una chica en cada puerto. Ustedes ya me entendéis…

Llegará un día que después de haber conocido a varios chicos malos y rebeldes, querrás conocer algo nuevo, y te fijarás en los chicos buenos. Esos chicos que no llamaban la atención lo suficiente. Que pasaban desapercibidos, y siempre sonreían tímidamente, cada vez que se dirijían a ellos.

Y será en ese momento donde te darás cuenta que no te hace falta un chico malo, sino un chico que realmente te ame y te lo demuestre con actos. Un chico que pelearía por ti, y quien te trataría como la princesa que eres. Un chico que te mire realmente a los ojos, en vez de a las tetas.

El demonio que me devastó.

Te conocí, sabiendo, desde un primer momento, que me arrepentiría de haberte dejado entrar en mi vida.

Más bien, mi subconsciente lo sabía, pero yo no quería aceptarlo. Desafié a la razón, quien me advirtió que todo esto sería un error.

Te dejé entrar con tu sonrisa fría y chulesca, mientras me observabas, escaneando todos mis puntos débiles.

Me convertí en tu presa, la cual tenía que ser cazada y destruida.

Pensé que era amor, pero sólo era una tóxica relación. 

Me costó escapar, y ni siquiera sé explicar como sigo con vida.

Permíteme, por favor.

Déjame seducirte despacito. Sólo dame un minuto de tu tiempo, para perdernos en un mar de sensaciones.

Eres el único que me hace sentir de esa manera, algo tan extraño que no sabría ni cómo describir: tienes la capacidad de hacerme volver loca, y de derrumbar mis muros.

Me haces respirar tranquila y vivir sin preocupaciones. Tu mirada y tu sonrisa son mi calma, tus abrazos son mi fuerza, y tu pecho es el hogar donde me gustaría descansar.

Sólo te propongo algo loco: Déjame besarte una vez más, como si fuera la última vez.

¿Por qué ser como los demás si has nacido para destacar?

¿Por qué intentar ser como el resto de personas que hay en el mundo? 

Se tú mismo, y destaca entre todos por tu personalidad. No necesitas ser una copia barata de los demás.

Marca la diferencia y hazte ver. No a todo el mundo le gustara la idea, pero no permitas que, por culpa de sus críticas, te hundan.

Les disgutarán que seas diferente, que respondas cuando te faltan el respeto, que los desafies con la mirada, que sonrías antes las adversidades, y sigas hacia adelante sin mirar atrás en ningún momento.

No tengas miedo de lo que digan. No están acostumbrados a ver cosas nuevas y diferentes. Déjalos que hablen, da igual si mal o bien, pero que hablen, joder.

Tu vida no depende de sus críticas. Quiérete y valórate mucho, y date cuenta de una cosa: vida sólo hay una, si ellos quieren perder el tiempo de su vida criticándote, que lo hagan. Pasa de ellos, y disfruta de tu vida.

Arrepentimientos.

Ahora vuelves, intentando hacerme recordar la historia que hubo entre nosotros y que terminamos.

Te arrepentiste de haberme abandonado, quizá porque no has encontrado a otra que te quiera de la misma forma que nosotros nos amamos.

Me hiciste daño, me quebraste en mil pedazos, y ahora vuelves, arrepentido, después de haberme abandonado.

Me dejaste sin piedad, en un charco de momentos y sentimientos destruidos, ahogándome en mis propios llantos.

Y ahora esperas que te perdone después de todos tus actos. Los mismos que provocaron que te dejara de amar sin reparo.

Ahora estoy mejor. Soy más fuerte. Me he dado cuenta de que no debo llorar por ningún bastardo.

Una adicción positiva.

Los libros son una manera de poder viajar sin tener que ir montado en avión, conociendo lugares y personas diferentes.

Te da la capacidad de imaginarte, gracias a sus descripciones, cada lugar a la perfección. 

Te hace emocionarte como si fueras el personaje principal: lloras, ríes, te enfadas y te intrigas.

Llegas a odiar con todas tus fuerzas al malo de la historia. Es más, te imaginas las mil formas de vengarte de él.

Cada vez que terminas una historia, necesitas empezar a leer otra. Es como si tuvieras mono de ello.

Los libros son arte. Tienen la capacidad de transportarte a un mundo y una vida, que no es la tuya, pero que la disfrutas como si lo fueran. 

Soy una auténtica bibliófila, lo admito. Y no me arrepiento de serlo.

Y ahora me doy cuenta…

Realmente no confiaba en ti, y tampoco me diste razones para hacerlo.

Lo nuestro tuvo un principio como toda historia, pero también tuvo un final, bastante amargo. 

Me quise hacer creer que realmente ibamos a durar pero ¡joder! ¡Si ni siquiera eras capaz de aceptar mis imperfecciones!

Siempre te vi como alguien superior a mi, alguien perfecto e inalcanzable que no podía conseguir. Me desvaloré como persona y mujer, al hacerme creer que no te merecía, pero era al revés: quién no me merecía eras tú.

El amor se trata de confianza, comprensión y pasión. Aceptar las virtudes e imperfecciones de alguien, sin hacerlo cambiar. Teníamos pasión, pero carecíamos de lo demás.

Contigo siempre intentaba ser la mujer perfecta, pero de lo que me doy cuenta es que gracias a mis imperfecciones y perfecciones soy lo que soy: mi forma de ser ya me hace perfecta, y NUNCA debo cambiar por nada ni nadie.

Amigos con derecho a nada.

Era la única forma de querer que me ofrecías. Era la manera de mantenerte a mi lado, y yo la acepté, pensando que no tenía nada que perder.

Pero sí que perdí, y mucho: perdí mi esencia. Me consumí lentamente, hasta desaparecer completamente.

Era una entra muchas. Un simple número en tu lista, y eso me rompía el corazón. Ellas te compartían de lunes a viernes, dejándome los restos los fines de semana.

Me hacías creer que era la única y fui estúpida al creer que lo que salía de tu boca era verdad. Qué ilusa fui.

Intentamos mantener nuestra amistad, y al final acabamos siendo nada.

Tal vez…

Tal vez me esté equivocando…

Quizá algún día me arrepienta por no haberte dicho nunca nada, pero siento que no es el momento de decirte.

Nos perdimos en esta guerra de sentimientos, y nos quedamos devastados. Sin saber quién perdía y quién ganaba. 

Nunca fui capaz de decirte lo mucho que te quería, pero tú sí fuiste capaz de decirme lo poco que me quisiste. Te enmascarabas en una mentira por puro orgullo.

Tú también tenías miedo…

Siento que nos dañamos al intentar amarnos cada uno a su manera. 

…Y terminamos rompiéndonos mutuamente.

Quise convertir en ceniza ese amor que sentía por ti, pero no era capaz de alejarme de ti. Eras como un fantasma que me seguía y hacía recordar que tus sentimientos no correspondían con los míos, y eso me hacía sentir furiosa y dolorida.

Con el paso del tiempo, fuiste tú quien se encargó de hacer cenizas mis sentimientos hacia ti. Con tus acciones y tus palabras me heriste, y me convertiste en otra persona.

Ya no recuerdo la forma en la que te miraba, ni la forma en la que te quería. No recuerdo las cualidades que te hacían ser adorable ni las razones por las que no dejaba de amarte. He olvidado los buenos y malos momentos, y ahora…somos totalmente desconocidos.

Nuestro gran error fue no decirnos lo que un día sentimos.

Tatúame la piel.

Era como el mismísimo sol.

Me sentía inexplicablemente atraída por él.

Su forma de mirarme profundamente, como si estuviera leyendo mis más profundos pensamientos…era casi escalofriante.

Me sentía vulnerable cuando sentía su presencia, y eso me hacía odiarlo en parte.

Añoraba tenerlo a mi lado pero, a la vez, odiaba cómo me hacía sentir: triste, desconfiada, y confusa. No sabía cuáles eran sus sentimientos hacia mí, porque NUNCA se abría a mí, y compartía sus sentimientos o pensamientos. A veces desaparece, y estoy días enteros sin tener noticias sobre él, y eso me mata. Me pone enferma.

A veces pienso que simplemente soy un juguete para él, un simple entretenimiento pasajero pero…luego me confunde de nuevo, cuando se acerca a mí lentamente y me susurra muy bajito: ”Eres mía”.

¿Qué puedo hacer? ¿Confesarle mis sentimientos o quedarme callada por miedo? ¿Arriesgarme o acobardarme?

Oh dios. Le prometí a mi padre que nunca perdería mi vida por amor.

…Siento que estoy rompiendo sus normas…